ESTIMADOS COLEGAS:
¿Cómo decimos lo que decimos? ¿Por qué lo decimos así? ¿Por qué hay cosas que no se “deben” nombrar? ¿Qué consecuencias trae ese silencio impuesto?
¿Cómo decimos lo que decimos? ¿Por qué lo decimos así? ¿Por qué hay cosas que no se “deben” nombrar? ¿Qué consecuencias trae ese silencio impuesto?
“…La Educación Sexual Integral es una exigencia que nos demandan los chicos y chicas aunque su vocabulario no les permita reclamarla explícitamente. Depende de madres y padres, de docentes y de educadores sexuales no defraudarlos…” (Goldstein, B)
Hoy en día, nos encontramos reunidos frente a un nuevo desafío: “La Educación Sexual Integral”. Si bien esta temática ha estado siempre instalada en las instituciones educativas, ésta ha sido abordada, por muchos de nosotros, desde el silencio y la omisión.
Cuando hablamos de
la inclusión de la educación sexual como un aprendizaje que debe ser
incorporado a lo largo de toda la escolarización, implica abordarla en todos
los niveles y modalidades educativos adecuando objetivos, contenidos, recursos
y estrategias según las edades y características de los destinatarios.
Como agentes
socializadores, debemos ser capaces de mirarnos, de reconocer nuestras
fortalezas y debilidades, de cuestionar críticamente nuestro accionar. En este
sentido, debemos asumir un fuerte compromiso no solo con el saber qué enseñar,
sino también con las formas de enseñar. El docente no puede ni debe renunciar a
esta tarea. Es fundamental que su presencia, su palabra, su actitud, sus gestos
y sus intervenciones sean cualitativamente formativos. Para lograr esta
intervención cualitativa debemos asumir nuestra propia sexualidad y la de los otros,
estar capacitados permanentemente y poseer habilidades y destrezas en aspectos
relacionados a dicha temática.
Pero… ¿qué significa educar en sexualidad? ¿De qué
manera podríamos promover conductas saludables? ¿Qué herramientas y/o
capacidades necesitaríamos para transmitir conocimientos significativos?
La educación
sexual es una educación “para ser” más que “para hacer”. Atiende a la persona
en su totalidad. Comprende la construcción paulatina de sentimientos, valores,
actitudes y saberes para el desarrollo pleno y armónico. Contempla no solo la
formación individual, sino su capacidad de proyección social.
De ahí,
consideramos que la educación sexual debe ser trabajada transversalmente. La
transversalidad es un modo de abordaje que exige una planificación estratégica
y un trabajo en equipo. Integrar no significa superponer, sino incorporar
coordinadamente los nuevos contenidos, procedimientos y actitudes.
Y la escuela… ¿es el único agente socializador encargado de abordar este desafío?
La
educación sexual constituye una práctica que no solo atañe a las escuelas, pero
que tampoco resulta una tarea exclusiva de las familias. Es un derecho que
tienen los chicos del país, una responsabilidad de los adultos (escuela –
familia) y una obligación del Estado.Para educar en
sexualidad debemos partir del reconocimiento del sujeto, de su cuerpo y de sus
sentimientos. Su abordaje en las escuelas supone un proceso de construcción
permanente, que requiere de un trabajo compartido, integrador de experiencias
escolares previas, antecedentes, saberes acumulados, como así también dudas,
temores, incertidumbres y debates.
Así, la escuela
debe incorporar contenidos curriculares específicos, pero también debe
construir espacios de diálogo e intercambio, donde sea posible expresar la
confianza y el compromiso de buscar juntos.
Comparto con Uds. el siguiente spot de presentación de la revista "Educación Sexual Integral, para charlar en familia", producida por el Ministerio de Educación de la Nación Argentina.
Espero les guste...
Saludos desde Santa Fe!
Como puede verse, la sexualidad es un terreno
plegado de dudas no solo para los adolescentes, sino también para los adultos.
Es una parte integral de nuestras vidas, un proceso en permanente construcción
y resignificación.
La tarea más importante y más urgente de la escuela, junto a la familia,
es orientar a los niños para que puedan encontrar su camino hacia una
sexualidad integrada por componentes como la responsabilidad, el amor, la
conexión con la otra persona y la liberación de tabúes y prejuicios,
proponiendo valores fundamentales para vivenciar una sexualidad plena en todos
sus aspectos.

